El peligro de las armas nucleares, más vivo que nunca

Managua. Por Jorge Capelán, Radio La Primerísima/TcS.

Explosión nuclear

En el mundo hay unas 16.000 armas nucleares de las cuales «sólo» unas 4.000 se encuentran en estado operacional, según los expertos.

El problema es que, como hace ya cinco años lo advertía el Comandante Fidel Castro, una simple “guerrita” que involucrase apenas unas 100 ojivas nucleares provocaría incendios tales serían capaces de tapar la luz del sol y entorpecer el proceso de fotosíntesis de las plantas, base de la vida tal y como la conoce la humanidad.

En estos días, los medios internacionales publican noticias alarmantes: Dos generales en retiro, uno estadounidense y otro ruso, afirman que las estrategias nucleares de las potencias junto con las modernas tecnologías militares hacen “mucho más verosímil de que se produzca un Apocalipsis nuclear hoy que durante la Guerra Fría”.

La advertencia fue lanzada por el general retirado de Infantería de Marina de EE.UU. James Cartwright y el general mayor retirado ruso Vladímir Dvorkin en una nota de opinión conjunta publicada por ‘The New York Times’ con el título “Cómo evitar una guerra nuclear”.

En la nota, los generales caracterizan el riesgo de que hoy en día se produzca un conflicto nuclear “accidental” en el mundo como extremadamente alto.

Por un lado, no existe evidencia alguna de que ni los EEUU ni Rusia hayan abandonado la vieja doctrina del golpe nuclear de los tiempos de la guerra fría ya que no ha cambiado la estructura de armamento basada en la “destrucción mutua asegurada”, escriben los generales.

Esta doctrina estaría basada en un primer golpe, respondido de inmediato (mientras los misiles enemigos aún están en el aire) disparando a la primer advertencia y luego lanzando otra ola más tras el primer ataque. Con tiempos de vuelo de misiles estratégicos de entre 15 y 30 minutos, la ventana de decisión sobre una primera respuesta se reduce a unos pocos minutos. El peligro de ataques cibernéticos que perturben las comunicaciones, y el escalamiento de las tensiones políticas, achican aún más ese margen comparado con la situación existente en la Guerra Fría.

«En teoría, ningún jefe de Estado en sus cinco sentidos autorizaría un golpe de respuesta a la primer alerta luego de recibir información de que solo un misil, o un pequeño número de misiles, se dirigen hacia su territorio, suponiendo que no se trataría de un ataque intencional a gran escala. Pero la doctrina de disparar a la primera advertencia todavía prevalece, tanto en Rusia como en los Estados Unidos, en cuyo caso persiste el riesgo, no importa cuán pequeño, de un error cataclísmico”, escriben los autores.

Los generales advierten que las tensiones causadas por la situación en Ucrania, y la ruptura de la comunicación entre los ejércitos de Estados Unidos y de Rusia, son factores que hacen más peligrosa la situación, y recomiendan a la Casa Blanca y al Kremlin olvidar la confrontación y abandonar de forma bilateral los principios de aplicación del ataque de represalia sobre la base de la información de los sistemas de alerta temprana, así como los entrenamientos de fuerzas nucleares estratégicas.

Sin embargo, a medida que China supera a EE.UU. como la primera economía del mundo y la economía global se desdolariza, se refuerza la tentación del alto mando estadounidense de recurrir a la confrontación directa para mantener su hegemonía.

El 29 de enero de 2014, durante la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, celebrada en La Habana, América Latina y el Caribe se proclamó formalmente como Zona de Paz. La proclama incluye el firme compromiso de los Estados de la región con la promoción del desarme nuclear como objetivo prioritario.

Es fundamental que nosotros en América Latina reafirmemos la necesidad urgente de lograr la eliminación total de dichas armas de forma transparente, irreversible y verificable con un cronograma multilateralmente acordado.

Debemos exigir que se tome en serio la propuesta del Movimiento de Países No Alineados que establece un calendario concreto para la reducción gradual y total de esas armas a más tardar en el año 2025.

Los Estados poseedores de armas nucleares deberían darnos garantías, por escrito y vinculantes, a los pueblos del mundo que no las poseemos, de que no las usarán ni amenazarán con usarlas.

Las armas nucleares tienen un carácter netamente genocida y son totalmente contrarias al respeto por el medio ambiente. Por eso, nuestros países deben oponerse a cualquier justificación de las mismas en las doctrinas de seguridad, abandonando definitivamente conceptos como el de “disuasión nuclear”.

Habiendo establecido lo anterior, debemos oponeros a todo tipo de ensayo, aunque se trate de simulaciones en supercomputadoras, con esas armas.

La lucha contra las armas nucleares debe estar indisolublemente ligada a la lucha por un mundo en el que los ingentes recursos que se gastan en el sector militar (1.8 billones de dólares en 2014) sean invertidos en ayuda al desarrollo, combate a la pobreza y protección del medio ambiente.

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