La Cumbre en Panamá y Occidente

Por tortilla con sal.

En América Latina y el Caribe, la mayoría de la información noticiera y discusión intelectual siguen dando un peso indebido a las premisas del debate político y económico del Occidente. En la Cumbre de las Américas en Panamá, una generación de dirigentes inspirada por Fidel y la Revolución Cubana cuestionaron de nuevo, quizás de una manera más unida que nunca, ambos el poder económico occidental y sus pretensiones morales e intelectuales. En ese contexto, es imposible repetir suficientemente una realidad fundamental.

Es el mundo mayoritario de Asia, África y América Latina que siempre ha pagado el costo humano del desarrollo político y económico del Occidente. Como Daniel Ortega señaló en su intervención en Panamá, esa realidad fundamental no ha cambiado. Daniel hablaba más directamente del gobierno de los Estados Unidos, pero sus observaciones se aplican también a Europa Occidental.

Esa incuestionable realidad hace que mucha gente del mundo mayoritario miren a Norte América y Europa no como fuentes de posibles modelos para emular, sino como ejemplos de qué se debe de evitar. De esto, la Alianza Bolivariana de las Américas es la demostración más evidente y concreta en América Latina y el Caribe. Diseñada por Fidel y Hugo Chávez, ALBA es un marco político muy práctico que prioriza el desarrollo del ser humano en oposición a la avaricia corporativa.

Es por ese motivo que los dirigentes norteamericanos y europeos satanizan a Nicolas Maduro y las demás dirigentes de los países del ALBA. Tampoco es un accidente que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe pronosticó hace poco que Bolivia y Nicaragua serán entre los líderes del crecimiento económico en 2015. Es imposible para los gobiernos occidentales y sus dueños corporativos suprimir el reconocimiento general de los logros y el ejemplo del ALBA.

Mientras sus élites oligarcas siguen extrayendo los costos de su poder y privilegios de sus pueblos en vez de re-invertir su deuda histórica al resto del mundo en los pueblos y en el planeta, Norte América y la Unión Europea quedarán estancadas en su crisis política y económica. Las élites corporativas occidentales ya no pueden financiar tan fácilmente el desarrollo de sus países por medio de una inhumana explotación desmesurada de Asia o de América Latina. Desgraciadamente, todavía hacen lo que quieren en África.

La gente del mundo mayoritario observan que las poblaciones de Europa y Norte América son cada vez más víctimas de un asalto deliberado a su nivel de vida de parte de sus gobiernos controlados por las grandes corporaciones occidentales. Grecia es solamente el ejemplo más obvio. A lo largo de Norte América hay ciudades enteras que han experimentado el mismo sádico saqueo. Ese asalto económico doméstico se acompaña por una cada vez más profunda militarización de la política exterior con guerras apoyados por el Occidente en Ucrania y Yemen que amenazan a Rusia e Irán respectivamente.

La política exterior estadounidense sigue un patrón. Por un lado ofrece una oportunista apertura mientras por otro lado impulsa una cínica agresión. Así que el gobierno del Presidente Obama saluda el progreso de las negociaciones nucleares con Irán a la vez que en Siria y Yemen ataca a las fuerzas de la región aliadas con Irán. En América Latina, el gobierno estadounidense finge la amabilidad con Cuba mientras desestabiliza ferozmente a Venezuela, Argentina y Brasil. Puede ser que la Cumbre en Panamá fue otro señal más del declive estadounidense en la región, pero no demostró ningún cambio en su corazón imperialista.