L@s hipócritas «Somos Charlie»

Tortilla con Sal, 11 de enero 2015

Los ataques terroristas de los últimos días en París han costado la vida a más de una docena de personas así como a los perpetradores de los hechos. Merecen la más rotunda repulsa y condena. Pero también merecen una visión menos ingenua de la realidad concreta de Europa. Algo que no es tan fácil de lograr desde América Latina.

Los asesinatos en Francia son parte de todo un patrón de cinismo e hipocresía ya muy bien conocido en la historia occidental. Es el mismo patrón del sádico racismo que impulsó a Frantz Fanon escribir : “Dejemos esta Europa que jamás se detiene de hablar de la humanidad y sin embargo la asesina en cada vuelta de la calle, en cada rincón del mundo…”

El resultado previsible de los ataques terroristas en Francia ha sido el de inclinar todo el espectro político europeo hacia la derecha. Esto facilita la agenda represiva de las élites corporativas que en efecto son los propietarios de los gobiernos de los países de la OTAN. A nivel doméstico, promueven la desigualdad económica para proteger el control de sus élites del corrupto sistema financiero occidental. En ultramar promueven las más crudas intervenciones en los asuntos internos de otros países y las más brutales agresiones militares.

Desde antes de los ataques en Estados Unidos del 11 de septiembre 2001, la manipulación del tema del terrorismo ha sido una herramienta clave para forzar a las poblaciones de Europa Tortilla con Sal, 11 de enero 2015

Los ataques terroristas de los últimos días en París han costado la vida a más de una docena de personas así como a los perpetradores de los hechos. Merecen la más rotunda repulsa y condena. Pero también merecen una visión menos ingenua de la realidad concreta de Europa. Algo que no es tan fácil de lograr desde América Latina.

Los asesinatos en Francia son parte de todo un patrón de cinismo e hipocresía ya muy bien conocido en la historia occidental. Es el mismo patrón del sádico racismo que impulsó a Frantz Fanon escribir : “Dejemos esta Europa que jamás se detiene de hablar de la humanidad y sin embargo la asesina en cada vuelta de la calle, en cada rincón del mundo…”

El resultado previsible de los ataques terroristas en Francia ha sido el de inclinar todo el espectro político europeo hacia la derecha. Esto facilita la agenda represiva de las élites corporativas que en efecto son los propietarios de los gobiernos de los países de la OTAN. A nivel doméstico, promueven la desigualdad económica para proteger el control de sus élites del corrupto sistema financiero occidental. En ultramar promueven las más crudas intervenciones en los asuntos internos de otros países y las más brutales agresiones militares.

Desde antes de los ataques en Estados Unidos del 11 de septiembre 2001, la manipulación del tema del terrorismo ha sido una herramienta clave para forzar a las poblaciones de Europa y Norte América a aceptar estas políticas en contra de sus propios intereses. Ahora, la “izquierda francesa” hace coro junto a la ultraderecha del Frente Nacional y la “socialdemocracia” del presidente François Hollande en torno a la consigna “Todos somos Charlie”, en referencia a Charlie Hebdo, la revista de sátira (en realidad, de provocación sistemática) en la que trabajaban los dibujantes y redactores asesinados esta semana pasada.

Mientras que la secretaria general del Frente Nacional pide que se vuelva a instaurar la pena de muerte para castigar a los culpables de actos similares, los “socialistas” y la “izquierda” piden que no se demonice demasiado a los musulmanes (y, por extensión, a los demás habitantes menos blancos de Francia). Una cosa los une a todos los “franceses de buena casta” y sus homólogos europeos y norteamericanos en estos momentos: Es la idea común de la superioridad occidental por tener “libertad de expresión”.

Es con este argumento de la superioridad moral europea que, como es sabido, se han llevado adelante incontables genocidios a lo largo de la historia desde las cruzadas del medioevo hasta las conquistas coloniales y las guerras de independencia del siglo pasado. Las autoridades coloniales francesas en Argelia masacraron en mayo 1945 a decenas de miles de argelinos en respuesta a un levantamiento contra la ocupación francés del país en Sétif. Pero en 1945 casi nadie en Europa fue Setif.

En el mismo Paris en 1961, las autoridades franceses masacraron hasta 200 argelinos en el masacre de la estación del metro de Charonne hacia el final de la guerra de liberación nacional de Argelia. Fue hasta 1998 que se llevaron a la justicia a unos de los responsables de ese masacre y que se permitió hablar con más franqueza de lo que durante mucho tiempo las autoridades franceses negaron a reconocer como una guerra en Argelia. Ahora mucha gente en Europa quieren que tod@s seamos “Charlie Hebdo” como si la violencia política en Europa o Norte America fuera una aberración poco conocida en vez de un fenómeno bastante común.

En tiempos modernos, quizás es Irlanda la que ha sido el caso más notorio de violencia política prolongada. ¿Y cuántos europeos eran Derry en 1972 cuando las fuerzas armadas del gobierno británico asesinaron a 14 civiles irlandeses e hirieron a 17? ¿Y quiénes eran Ballymurphy en 1971 cuando fuerzas del gobierno británico asesinaron a 11 civiles irlandeses e hirió a un número todavía desconocido? En octubre 1993, ¿Quiénes fueron Greysteel, cuando terroristas asesinaron a ocho allí, hiriendo a una docena más? ¿O en Omagh 1998 cuando terroristas estallaron una bomba que asesinó a veintinueve e hirió a más de 200 personas?

La violencia política no es algo fuera de lo normal en el contexto de la historia doméstica de los países europeos y norteamericanos. A nivel global, los occidentales desde hace siglos declararon la guerra contra los demás pueblos del mundo. Sistemáticamente han usado el genocidio y la violencia política para, primero lograr, y luego defender, su dominio global político y económico. Lo que ha cambiado desde el fin de la Segunda Guerra mundial es el aumento todavía mayor del cinismo, el sadismo y la hipocresía con la que los poderes occidentales han abusado el derecho internacional y las instituciones internacionales de la ONU para lograr sus objetivos.

Ese cinismo y oportunismo político se ve en diversos acontecimientos a lo largo y ancho de la Unión Europea, donde una serie de partidos xenófobos y racistas han hecho grandes progresos en los últimos años, llegando incluso en algunos casos a amenazar con conquistar el gobierno (caso del Frente Nacional en Francia) o en otros, con convertirse en el comodín de parlamentos divididos, condenados a designar perennes gobiernos de minorías (caso de Suecia). Lo mismo pasa en Dinamarca con el Danske Folkparti de la extrema derecha que mantiene niveles de apoyo electoral de alrededor de 15% a nivel nacional.

Fue en Dinamarca, en el año 2006, que el diario de derecha Jyllands Posten publicó una serie de caricaturas que retrataban al profeta Mahoma de una manera que no solo denigraba al Islam, sino a toda la gente del Oriente Medio, presentándola como atrasada y propensa al terrorismo. Esas mismas caricaturas, que ofendieron a millones de musulmanes en todo el mundo, fueron reproducidas por el semanario francés víctima del ataque terrorista de esta semana pasada en París, Charlie Hebdo. La publicación de las caricaturas se dio en un contexto de persecución en masa contra los musulmanes, con incendios de mezquitas, malos tratos y un clima de “vale todo” en contra de estos grupos en Europa.

En Noruega en 2011, el terrorista Anders Behring Breivik mató a 77 personas e hirió a más de 100 en un ataque contra un campamento de jóvenes socialdemócratas en la isla de Utøya. El objetivo del ataque era según Breivik el de “matar a todo el gobierno” de su país por su supuesta permisividad hacia los musulmanes. En Suecia, el artista-provocador Lars Vilks fabricaba perros de madera a los que ponía la cara del profeta Mahoma y colocaba en las rotondas del país escandinavo. Una serie de caricaturas antimusulmanas de Vilks provocó fuertes reacciones dentro y fuera del país escandinavo. En el año 2010, un terrorista ario se dedicaba a dispararle a decenas de inmigrantes escogidas al azar en la ciudad de Malmö, matando e hiriendo a varios.

Según la Encuesta Sobre las Minorías y la Discriminación (EU-MIDIS) del año 2008, más de la cuarta parte de los 23.500 inmigrantes y miembros de minorías étnicas consultados reportaron haber sido víctimas de delitos contra la persona por “motivos racistas” durante los últimos 12 meses. Se trataba de actos de violencia, amenazas o maltrato grave. La lista era encabezada por gitanos, africanos (del norte y el sur del Sahara), turcos, europeos del este y árabes. La estadística no destaca el número total de musulmanes, pero dada la lista de nacionalidades se puede presumir que éstos fueron la gran mayoría de los casos.

En España, Italia y Alemania y el Reino Unido los ataques contra los inmigrantes desde fuera de Europa y especialmente los ataques islamófobos son una característica constante en las estadísticas oficiales (por ej. “Extractos de los informes del Observatorio Europeo del Racismo y Xenofobia (EUMC )”). No se han visto manifestaciones del mismo tamaño ante los constantes asesinatos de africanos y árabes en Europa como las que se han visto esta semana a propósito de la masacre del Charlie Hebdo. La explicación oficial de esta diferencia entre las reacciones a los asesinatos racistas por europeos y al ataque contra los periodistas del semanal de caricaturas es que el masacre de los periodistas se interpreta como un ataque a la libertad de expresión.

En verdad, la libertad de expresión en Europa es tanto un complejo mito de cuidadosa fabricación cultural, como un campo de feroz batalla política y social. Los apologistas occidentales lo blanden como una prueba de la superioridad de sus sociedades. El mundo mayoritario lo ve como otra hipocresía más del Occidente, un supuesto beneficio que, si acaso existe, lo hace a cuentas de siglos de explotación y genocidio occidental de los demás pueblos del mundo.

En principio, en Europa y Norte América hay libertad de decir cualquier cosa solamente en base a la marginalización total de las críticas consecuentes antiimperialistas y anticolonialistas en las propias sociedades occidentales. Esto ha sido todavía más evidente, especialmente desde la derrota de Israel en el Líbano en 2006, en el caso de las críticas que cuestionan el apoyo occidental al genocidio en cámara lenta de parte de los gobiernos sionistas de Israel contra el pueblo palestino. En la práctica, la libertad de expresión se traduce en una libertad (e impunidad) para todo tipo de ultrajes dirigidos contra minorías, especialmente extra-europeas y sobre todo hoy en día, musulmanas o presuntamente “árabes”.

El atentado contra el semanario Charlie Hebdo, así como el asesinato de dos oficiales de policía y el secuestro de clientes de un negocio judío que tuvieron lugar esta semana pasada son condenables. Pero nada tienen que ver con la libertad de expresión, ni tampoco, hay que decirlo, con el Islam y los musulmanes. Es un capítulo más de la “Guerra de las Civilizaciones” inventada por las y los estrategas del imperio para contrarrestar la previsible debacle del sistema occidental de dominación global, ahora en acelerada marcha adelante. Es una estrategia cuya implementación desde hace mucho tiempo ha revelado de la manera más clara que los mismos medios occidentales son colaboradores entusiastas de los ataques de guerra psicológica orientados por sus gobiernos.

Esa guerra se dirige contra los diferentes blancos identificados de un momento a otro como enemigos del Occidente – últimamente Laurent Gbagbo, Muammar al Gaddafi, Hugo Chávez, Bashar al-Assad, Vladimir Putin. En el caso del Islam y los musulmanes es muy conveniente que los hechos recientes en Francia se interpreten como una manifestación de la rabia de los musulmanes por la bárbara opresión colonial de Occidente. Así se plantea el problema en los mismos términos que los planificadores de las guerras occidentales de agresión desean. Es decir, se plantea el terrorismo como un problema árabe y / o musulmán, cuando en realidad es un problema – hay que decirlo con todas la letras – occidental.

Fue el gobierno estadounidense junto con sus aliados europeos y árabes el que financió y entrenó a Bin Laden y Al Qaeda, de la misma manera que desde hace mucho tiempo ha validado, sostenido y manipulado a las fuerzas terroristas en Libia, Siria y ahora Iraq. Los que hoy se identifican con Charlie Hebdo de una u otra manera han ratificado el apoyo de sus gobiernos a esas fuerzas terroristas. En efecto, al identificarse de esa manera, se identifican también con la siniestra sombra terrorista de las mismas políticas de sus gobiernos que los dirigentes occidentales ocupan para justificar sus políticas de represión a nivel doméstico y sus bárbaras agresiones militares en ultramar.y Norte América a aceptar estas políticas en contra de sus propios intereses. Ahora, la “izquierda francesa” hace coro junto a la ultraderecha del Frente Nacional y la “socialdemocracia” del presidente François Hollande en torno a la consigna “Todos somos Charlie”, en referencia a Charlie Hebdo, la revista de sátira (en realidad, de provocación sistemática) en la que trabajaban los dibujantes y redactores asesinados esta semana pasada.

Mientras que la secretaria general del Frente Nacional pide que se vuelva a instaurar la pena de muerte para castigar a los culpables de actos similares, los “socialistas” y la “izquierda” piden que no se demonice demasiado a los musulmanes (y, por extensión, a los demás habitantes menos blancos de Francia). Una cosa los une a todos los “franceses de buena casta” y sus homólogos europeos y norteamericanos en estos momentos: Es la idea común de la superioridad occidental por tener “libertad de expresión”.

Es con este argumento de la superioridad moral europea que, como es sabido, se han llevado adelante incontables genocidios a lo largo de la historia desde las cruzadas del medioevo hasta las conquistas coloniales y las guerras de independencia del siglo pasado. Las autoridades coloniales francesas en Argelia masacraron en mayo 1945 a decenas de miles de argelinos en respuesta a un levantamiento contra la ocupación francés del país en Sétif. Pero en 1945 casi nadie en Europa fue Setif.

En el mismo Paris en 1961, las autoridades franceses masacraron hasta 200 argelinos en el masacre de la estación del metro de Charonne hacia el final de la guerra de liberación nacional de Argelia. Fue hasta 1998 que se llevaron a la justicia a unos de los responsables de ese masacre y que se permitió hablar con más franqueza de lo que durante mucho tiempo las autoridades franceses negaron a reconocer como una guerra en Argelia. Ahora mucha gente en Europa quieren que tod@s seamos “Charlie Hebdo” como si la violencia política en Europa o Norte America fuera una aberración poco conocida en vez de un fenómeno bastante común.

En tiempos modernos, quizás es Irlanda la que ha sido el caso más notorio de violencia política prolongada. ¿Y cuántos europeos eran Derry en 1972 cuando las fuerzas armadas del gobierno británico asesinaron a 14 civiles irlandeses e hirieron a 17? ¿Y quiénes eran Ballymurphy en 1971 cuando fuerzas del gobierno británico asesinaron a 11 civiles irlandeses e hirió a un número todavía desconocido? En octubre 1993, ¿Quiénes fueron Greysteel, cuando terroristas asesinaron a ocho allí, hiriendo a una docena más? ¿O en Omagh 1998 cuando terroristas estallaron una bomba que asesinó a veintinueve e hirió a más de 200 personas?

La violencia política no es algo fuera de lo normal en el contexto de la historia doméstica de los países europeos y norteamericanos. A nivel global, los occidentales desde hace siglos declararon la guerra contra los demás pueblos del mundo. Sistemáticamente han usado el genocidio y la violencia política para, primero lograr, y luego defender, su dominio global político y económico. Lo que ha cambiado desde el fin de la Segunda Guerra mundial es el aumento todavía mayor del cinismo, el sadismo y la hipocresía con la que los poderes occidentales han abusado el derecho internacional y las instituciones internacionales de la ONU para lograr sus objetivos.

Ese cinismo y oportunismo político se ve en diversos acontecimientos a lo largo y ancho de la Unión Europea, donde una serie de partidos xenófobos y racistas han hecho grandes progresos en los últimos años, llegando incluso en algunos casos a amenazar con conquistar el gobierno (caso del Frente Nacional en Francia) o en otros, con convertirse en el comodín de parlamentos divididos, condenados a designar perennes gobiernos de minorías (caso de Suecia). Lo mismo pasa en Dinamarca con el Danske Folkparti de la extrema derecha que mantiene niveles de apoyo electoral de alrededor de 15% a nivel nacional.

Fue en Dinamarca, en el año 2006, que el diario de derecha Jyllands Posten publicó una serie de caricaturas que retrataban al profeta Mahoma de una manera que no solo denigraba al Islam, sino a toda la gente del Oriente Medio, presentándola como atrasada y propensa al terrorismo. Esas mismas caricaturas, que ofendieron a millones de musulmanes en todo el mundo, fueron reproducidas por el semanario francés víctima del ataque terrorista de esta semana pasada en París, Charlie Hebdo. La publicación de las caricaturas se dio en un contexto de persecución en masa contra los musulmanes, con incendios de mezquitas, malos tratos y un clima de “vale todo” en contra de estos grupos en Europa.

En Noruega en 2011, el terrorista Anders Behring Breivik mató a 77 personas e hirió a más de 100 en un ataque contra un campamento de jóvenes socialdemócratas en la isla de Utøya. El objetivo del ataque era según Breivik el de “matar a todo el gobierno” de su país por su supuesta permisividad hacia los musulmanes. En Suecia, el artista-provocador Lars Vilks fabricaba perros de madera a los que ponía la cara del profeta Mahoma y colocaba en las rotondas del país escandinavo. Una serie de caricaturas antimusulmanas de Vilks provocó fuertes reacciones dentro y fuera del país escandinavo. En el año 2010, un terrorista ario se dedicaba a dispararle a decenas de inmigrantes escogidas al azar en la ciudad de Malmö, matando e hiriendo a varios.

Según la Encuesta Sobre las Minorías y la Discriminación (EU-MIDIS) del año 2008, más de la cuarta parte de los 23.500 inmigrantes y miembros de minorías étnicas consultados reportaron haber sido víctimas de delitos contra la persona por “motivos racistas” durante los últimos 12 meses. Se trataba de actos de violencia, amenazas o maltrato grave. La lista era encabezada por gitanos, africanos (del norte y el sur del Sahara), turcos, europeos del este y árabes. La estadística no destaca el número total de musulmanes, pero dada la lista de nacionalidades se puede presumir que éstos fueron la gran mayoría de los casos.

En España, Italia y Alemania y el Reino Unido los ataques contra los inmigrantes desde fuera de Europa y especialmente los ataques islamófobos son una característica constante en las estadísticas oficiales (por ej. “Extractos de los informes del Observatorio Europeo del Racismo y Xenofobia (EUMC )”). No se han visto manifestaciones del mismo tamaño ante los constantes asesinatos de africanos y árabes en Europa como las que se han visto esta semana a propósito de la masacre del Charlie Hebdo. La explicación oficial de esta diferencia entre las reacciones a los asesinatos racistas por europeos y al ataque contra los periodistas del semanal de caricaturas es que el masacre de los periodistas se interpreta como un ataque a la libertad de expresión.

En verdad, la libertad de expresión en Europa es tanto un complejo mito de cuidadosa fabricación cultural, como un campo de feroz batalla política y social. Los apologistas occidentales lo blanden como una prueba de la superioridad de sus sociedades. El mundo mayoritario lo ve como otra hipocresía más del Occidente, un supuesto beneficio que, si acaso existe, lo hace a cuentas de siglos de explotación y genocidio occidental de los demás pueblos del mundo.

En principio, en Europa y Norte América hay libertad de decir cualquier cosa solamente en base a la marginalización total de las críticas consecuentes antiimperialistas y anticolonialistas en las propias sociedades occidentales. Esto ha sido todavía más evidente, especialmente desde la derrota de Israel en el Líbano en 2006, en el caso de las críticas que cuestionan el apoyo occidental al genocidio en cámara lenta de parte de los gobiernos sionistas de Israel contra el pueblo palestino. En la práctica, la libertad de expresión se traduce en una libertad (e impunidad) para todo tipo de ultrajes dirigidos contra minorías, especialmente extra-europeas y sobre todo hoy en día, musulmanas o presuntamente “árabes”.

El atentado contra el semanario Charlie Hebdo, así como el asesinato de dos oficiales de policía y el secuestro de clientes de un negocio judío que tuvieron lugar esta semana pasada son condenables. Pero nada tienen que ver con la libertad de expresión, ni tampoco, hay que decirlo, con el Islam y los musulmanes. Es un capítulo más de la “Guerra de las Civilizaciones” inventada por las y los estrategas del imperio para contrarrestar la previsible debacle del sistema occidental de dominación global, ahora en acelerada marcha adelante. Es una estrategia cuya implementación desde hace mucho tiempo ha revelado de la manera más clara que los mismos medios occidentales son colaboradores entusiastas de los ataques de guerra psicológica orientados por sus gobiernos.

Esa guerra se dirige contra los diferentes blancos identificados de un momento a otro como enemigos del Occidente – últimamente Laurent Gbagbo, Muammar al Gaddafi, Hugo Chávez, Bashar al-Assad, Vladimir Putin. En el caso del Islam y los musulmanes es muy conveniente que los hechos recientes en Francia se interpreten como una manifestación de la rabia de los musulmanes por la bárbara opresión colonial de Occidente. Así se plantea el problema en los mismos términos que los planificadores de las guerras occidentales de agresión desean. Es decir, se plantea el terrorismo como un problema árabe y / o musulmán, cuando en realidad es un problema – hay que decirlo con todas la letras – occidental.

Fue el gobierno estadounidense junto con sus aliados europeos y árabes el que financió y entrenó a Bin Laden y Al Qaeda, de la misma manera que desde hace mucho tiempo ha validado, sostenido y manipulado a las fuerzas terroristas en Libia, Siria y ahora Iraq. Los que hoy se identifican con Charlie Hebdo de una u otra manera han ratificado el apoyo de sus gobiernos a esas fuerzas terroristas. En efecto, al identificarse de esa manera, se identifican también con la siniestra sombra terrorista de las mismas políticas de sus gobiernos que los dirigentes occidentales ocupan para justificar sus políticas de represión a nivel doméstico y sus bárbaras agresiones militares en ultramar.

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¡Clase de «democra$ia»!

Por Jorge Capelán, RLP. TcS.

El vocero de la embajada francesa en Managua, Luis Sánchez Sancho, dedica su editorial de hoy en La Pren-CIA a hacerse eco de los lamentos del embajador galo en el país acerca del hecho de que en las reformas a la Constitución recientemente aprobadas por la Asamblea Nacional no se recogieron las “recomendaciones” de su gobierno. ¡Clase de desfachatez!

Dice Sancho que hay una gran diferencia entre el derecho a la reelección consignado en la constitución francesa y el que consigna la constitución nicaragüense, porque en el país galo “existe un sistema electoral independiente, imparcial y honesto” y además, supuestamente, los poderes del presidente no son “absolutos” sino compartidos con un primer ministro (que, como todo el mundo sabe, no tiene ningún poder real en Francia).

Un ejemplo de la “democracia francesa”:

En junio del año pasado, los franceses fueron a elecciones para encontrar un sustituto al al diputado Jérôme Cahuzac, exministro de Presupuesto del Gobierno socialista expulsado del Ejecutivo porque confesó que tenía una cuenta secreta en Suiza. Como era de esperar, el Partido Socialista desapareció en la primera vuelta, quedando la elección entre el candidato del partido neonazi Frente Nacional y el ultraderechista Unión por un Movimiento Popular del trístemente célebre Nicolás Sarkozy. ¡Buena democracia esa, que ofrece a los ciudadanos la oportunidad de elegir entre corruptos, derechistas y nazis!

Como media europa sabe, pocas cosas hay más sucias y corruptas que la política francesa:

– Jacques Chirac (1995-2007) acabó su carrera política convertido en el primer presidente de la República condenado a dos años de cárcel (que, por cierto, no cumplió) por desvío de fondos públicos para su partido.

– Nicolás Sarkozy (2007-2012) es notorio por sus lazos con la mafia de Córcega y actualmente está siendo investigado por su vinculación a un desvío de fondos públicos del ex-ministro Claude Gueant, que ya ha sido procesado. Gueant además está siendo investigado por su vinculación al financiamiento de la campaña de Zarkozy con plata de Gadaffi. Michel Gaudin, un jefe de policía de los tiempos en que Sarkozy era ministro del interior, también ha sido detenido por desviar 10.000 euros al mes para operaciones ilegales de vigilancia. Además, Sarkozy ha sido investigado por recibir plata de la mujer más rica de Francia, Liliane Bettencourt, heredera de L’Oreal, para financiar sus campañas. Por último, otro de los asuntos que le vinculan a acusaciones por financiación ilegal es el denominado “Caso Karachi”, una trama de corrupción vinculada a la venta de armas a Pakistán en el año 2002.

– En 2007, Dominique Strauss-Kahn, el brillante economista socialista, fue nombrado director del FMI. A los pocos años fue acusado de violar a una empleada de hotel en Nueva York con la que luego se arregló por fuera de la Corte. Su sucesora, la ex ministra de economía de Sarkozy, Christine Lagarde, se encuentra bajo investigación por resoluciones tomadas sin permiso judicial y la autorización de pagos muy grandes con fondos del banco Crédit Lyonnais, de propiedad pública.

– El escándalo de Jérôme Cahuzac, que afectó a los socialistas, en realidad es un boomerang político que salpica, tanto al Frente Nacional de Le Pen como al partido de Sarkozy:  Cahuzac se llevó el dinero a Suiza con la ayuda de un tal Philippe Péninque, un abogado de extrema derecha que hoy es asesor de Marine Le Pen, presidenta del Frente Nacional. Así que Le Pen lo sabía. ¿Y Nicolas Sarkozy? En 2010, Cahuzac transfirió su cuenta a la banca Reyl, y según recordó el diario suizo Le Temps, uno de los directivos de Reyl es Hervé Dreyfus, íntimo de Sarkozy y de su exmujer Cecilia.

Volviendo a Luis Sánchez Sancho y La Pren-CIA:

Considerando su encendida defensa de la “democracia” francesa, no es de extrañar que La Pren-CIA y el agente de campo Luis Sánchez Sancho también hagan encendidas defensas de prófugos de la justicia como Roberto Bendaña McEwan, ¿no?

Ernesto Cardenal, el Papa Francisco y Napoleón I

Managua. Por Jorge Capelán, RLP/TcS. | 27 septiembre de 2013
Escribir sobre el poeta Ernesto Cardenal es algo que no se puede hacer sin sentir al mismo tiempo mucha tristeza.

En una época, a través de los poemas de Cardenal, habló lo mejor del pueblo nicaragüense con palabras que aún siguen vivas y que testimonian lo más hondo de sus sufrimientos y lo más alto de sus sueños. Sin embargo, desde hace unos cuantos años, de la voz del poeta, entrevistado por los medios occidentales, solo sale resentimiento, mezquindad y no pocas dosis de odio.

Por eso nos sorprendieron unas recientes declaraciones suyas con las que no podemos dejar de estar básicamente de acuerdo. Desde Buenos Aires, Ernesto Cardenal afirma que el Papa Francisco es un revolucionario.

«No me esperaba un Papa de este continente, un Papa revolucionario en este momento y, además, elegido por un colegio de cardenales conservador», le dice al periodista Alver Metalli en una entrevista publicada por el diario italiano La Stampa.

«Al principio no creí que pudiera hacer lo que está haciendo… algo verdaderamente increíble, porque está poniendo todo al revés. O mejor, en su lugar, en donde [las cosas] deben estar… Los últimos serán los primeros, eso es lo que está haciendo Francisco», agrega.

Tal vez el Papa no sea un revolucionario del mismo tipo que el Ché, Fidel, Chávez o Daniel, pero los cambios que Francisco quiere realizar, y los que está realizando, son revolucionarios para la Iglesia y para el mundo. Son cambios que requieren de enorme coraje y que son cruciales, pensemos nada más en su denuncia de la barbarie capitalista y en su firme toma de posición contra la guerra.

Quien sabe, tal vez algún día, la vida misma (ayudada por la prédica de Francisco) decida que Ernesto Cardenal regrese por sus propios medios a un lugar del que nunca nadie lo corrió: el seno de ese pueblo que sigue abrazando las banderas del Frente Sandinista.

Sin embargo, para que eso suceda, a Ernesto le queda todavía un buen trecho por andar.

Dice Ernesto Cardenal que si Francisco le llegara a quitar la suspensión “a divinis” que decidió el cardenal Ratzinger cuando era Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, eso “le complicaría la vida” al alejarlo de la contemplación.

Sin embargo, no parece complicarle demasiado la vida al sacerdote-poeta el recibir premios internacionales a cada rato. Desde 2005 a esta parte ha recibido nada más ni nada menos que cinco distinciones que implican viajes, entrevistas, seminarios, artículos, en fin, toda una parafernalia de actividades superfluas para alguien que dice estar dedicado a la contemplación.

¿No sería preferible dar misa de vez en cuando, celebrar algún bautismo o algún casamiento? Ciertamente que eso le daría mucho más espacio para estar en contacto directo con el Creador (para no decir, con el Pueblo de Dios). Tal vez eso le ayudaría a limpiar de su sistema tanta amargura que lleva adentro y que luego se ve obligado a escupir ante cuánta pluma viperina de los medios multinacionales desee entrevistarlo.

Por ejemplo, el lunes, Cardenal va a recibir el grado de “Oficial de la Legión de Honor”, el más alto reconocimiento del Estado galo que se concede a franceses o extranjeros por sus “méritos eminentes, civiles o militares, rendidos a la nación francesa”. Baste decir que la orden fue establecida por el imperialista Napoleón Bonaparte.

Dejamos al juicio del lector o lectora la tarea de desentrañar cuál habrá sido el eminente mérito “civil o militar” rendido por Ernesto Cardenal a la nación francesa.

Esa es la gran incongruencia de Cardenal. Elogia al Papa por revolucionario, pero rechaza un hipotético levantamiento de su suspensión sacerdotal al tiempo que con gusto se va a recibir un premio de Francia, la potencia imperial que hace tan sólo unos días estuvo a punto de hacer volar el mundo en mil pedazos arrastrándolo a una guerra nuclear. Desprecia a su iglesia y luego se va a recibir la medalla de un César decrépito, rabioso y loco.

Ojalá que le quede vida al gran Ernesto Cardenal para que reflexione sobre esas cosas y regrese al seno de ese pueblo que jamás lo corrió.