Operación Cambio de Régimen en Ucrania

Ucrania está siendo sometida a una intervención propagandística dirigida por Occidente, según opina el analista político Jorge Capelán, que sostuvo en RT que “en Ucrania está teniendo lugar una operación de cambio de régimen que lleva diez años preparándose”.

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El asesinato de Mohammar Gadaffi no quedará impune

Por Jorge Capelán, RLP/TcS.
Este sábado se cumple un año del atroz asesinato de líder libio Muhammar Gadaffi. El 20 de octubre de 2011, unos días después de haber estado en Trípoli, la Secretaria de Estado Hilary Clinton vio la noticia por televisión y ante las cámaras, también de televisión, exclamó: “Venimos, vimos y él murió”. Menos de un año más tarde, el embajador que había enviado a Benghazi, Chris Stevens, era asesinado por los mismos grupos que su gobierno había entrenado, armado y asesorado para matar a Gadaffi y a miles de otros libios.
La destrucción de Libia y el atroz asesinato de su líder han destapado la Caja de Pandora. Fue una agresión y un crimen que pudo y debió haber sido parado a tiempo. A la destrucción del país africano le siguieron el contrarrevolucionario “cambio de régimen” en Costa de Marfil, la intervención de Somalia y, ahora, la virtual intervención de Mali. Uno a uno, los países del África están siendo destruidos ante el avance imperial para asegurarse la hegemonía y el control de las riquezas de ese vasto continente.
Hoy, Siria se está desangrando en base a una estrategia similar a la aplicada contra Libia pero con un riesgo mucho más cercano de una conflagración nuclear en la marcha de la OTAN y el estado sionista de Israel hacia Teherán. Los sectores más reaccionarios de la entidad sionista se frotan las manos y actúan con total impunidad.
Casualmente hoy, a un año del asesinato de Gadaffi, las fuerzas de “defensa” israelí interceptaron en aguas internacionales a otro barco, el tercero, que intentaba llevar ayuda humanitaria a Gaza, donde un millón y medio de palestinos viven bloqueados por Israel en lo que constituye el campo de concentración más grande en la historia de la humanidad. A pesar de las airadas quejas, Israel no hará nada para detener sus crímenes, al contrario, los escalará.
Los ingenuos que ayer se creyeron el cuento de que la OTAN iba a “liberar” a Libia de un “dictador”, a estas alturas se deben de estar dando cuenta de su olvido de la historia.
La muerte de Gadaffi, golpeado, vejado y salvajemente torturado ante las cámaras, es un episodio más del horror y la tragedia causados por el imperialismo contra nuestros pueblos. Tiene ecos en el trágico destino de ese otro gran africano, Patricio Lumumba, asesinado en condiciones similares por la CIA en enero de 1961.
En realidad, ese tipo de viles asesinatos de dirigentes revolucionarios tiene sus equivalentes para muchos pueblos a lo largo y ancho del tercer mundo porque es una herramienta más del arsenal de las tácticas imperiales de dominación: el hacer ejemplos de los rebeldes.
En Nicaragua, un 4 de octubre de 1912, el cadáver de Benjamín Zeledón era arrastrado por las calles de Masaya por las tropas cachurecas, peleles del yanqui invasor – algo similar a lo que se hizo con Gadaffi, cuyo cuerpo fue expuesto durante casi 4 días en un refrigerador industrial en la ciudad de Misrata. El horror de la escena al ver la forma en que trataban al héroe Benjamín Zeledón, y el heroismo de los 300 hombres que lo acompañaron en la batalla, despertó la conciencia de Sandino y cambió para siempre la historia de Nicaragua.
El trágico destino de Mohammar Gadaffi se suma al de Omar Mukhtar, líder libio de la resistencia contra las tropas del fascismo italiano, colgado por los imperialistas ante miles de sus seguidores un 11 de septiembre, pero de 1931. Así como el asesinato de Mukhtar no paró la resistencia del pueblo libio, la muerte de Gadaffi no la ha detenido hoy en día.
Libia no está pacificada. La “paz” del imperio sólo ha sido una prolongación de la guerra. La “liberación” del pueblo libio a manos de los bombardeos de la OTAN sólo ha desencadenado la dictadura más cruenta. Una de las primeras disposiciones de los “rebeldes” peleles del imperio al llegar al poder fue el de prohibir toda crítica a su “revolución”.
El activista y periodista Sukant Chandan escribe lo siguiente sobre la Libia postgaddafista: “Vimos como derrotaron totalmente la ciudad de Tawergha con 30.000 habitantes. Había muchos libios negros. Vimos a los integrantes de las brigadas de Misrata, que según ellos mismos dicen, se dedican a eliminar a gente negra. Una ideología ‘maravillosamente humanitaria’ y ‘ibertadora’. Con este pretexto derrotaron la ciudad, ellos estaban persiguiendo a la gente de Tawengha”.
Los enfrentamientos entre las tribus y entre estas y las fuerzas imperiales van en aumento. Hasta 140 de esos choques cuentan algunas agencias noticiosas. Los grupos mafiosos y fascistas usados por la OTAN para destruir a Libia se han salido del control de sus amos y persiguen otras agendas nada claras.
El mes pasado, grupos de Al Qaida, probablemente manejados por los servicios israelíes para presionar a Obama en la recta final de las elecciones, asesinaron al embajador de EE.UU. en Benghazi, Chris Stevens, un tipo que paradógicamente había sido enviado para entrenar, apoyar y dirigir a sus propios asesinos.
Dice la agencia imperial Reuters, experta en instigar contrarrevoluciones, que tiene pruebas de que a Gadaffi lo asesinó un agente francés. Puede ser que ese sujeto haya planeado el crimen. Pero desde la ciudad siempre verde de Beni Wallid nos llegan reportes de que uno de los peleles que participó directamente en el asesinato fue capturado e intercambiado por otros patriotas en manos de las bandas mercenarias al servicio de la OTAN.

Turquía, la "locomotora" de la OTAN en Siria

Actualidad RT.

El avión sirio que fue forzado a aterrizar en Ankara partió hacia Damasco, aunque su carga fue retenida. Testigos denuncian el trato “inhumano” dado por Turquía a los pasajeros. Según expertos, esto podría ser un pretexto para desencadenar una guerra contra Siria.

El analista político Jorge Capelán considera que lo sucedido con el avión sirio sería un pretexto para que la tensión que divide a Damasco y Ankara desemboque en una guerra. “Es una treta que se inventó para tratar de habituar el clima hacia una escalada militar y hacia una guerra”, denuncia el experto en sus declaraciones a RT.

“En esta situación, cuando la guerra es lo que la OTAN quiere promover con ayuda de Israel en la región, los derechos de los civiles es lo que menos importa. No es de extrañar que los derechos de los pasajeros del avión sirio no hayan sido tenidos en cuenta para nada. Es realmente una situación muy peligrosa, ante la que todo el mundo debería reaccionar”, urge Jorge Capelán.

La OTAN y la libertad de los narcos

¿Qué hay tras la campaña a favor de Puracal?

Por Jorge Capelán | Radio La Primerísima / Tortilla con Sal.

Estados Unidos y la Unión Europea, los dos campeones mundiales en detenciones arbitrarias, famosos el uno por casos como el de las cárceles de Guantánamo y Abu Grahib así como por su red global de prisiones secretas, y su cómplice al otro lado del mar, famoso también por haber colaborado en el montaje de esa red y por sus centros de detención de decenas de miles de inmigrantes indocumentados, llevan adelante una campaña para liberar a una persona convicta por narcotráfico en Nicaragua: Una maniobra más y un claro ejemplo de la labor de ese tándem que ha cooptado y corrompido todo el sistema internacional de los Derechos Humanos.

“Expreso de Medianoche” en Centroamérica

En agosto de 2011, el ciudadano estadounidense Jason Zachary Puracal fue condenado por la justicia de Nicaragua a 22 años de prisión por narcotráfico y lavado junto con otros 10 nicaragüenses también condenados a largas penas.
Nueve meses antes, el domicilio y la oficina de Puracal habían sido registrados por las autoridades nicaragüenses sin una orden de arresto, procedimiento contemplado en el código penal del país para aquellos casos serios en los que se sospecha que el investigado puede llegar a deshacerse de las pruebas. Usando tecnología de punta (por cierto, brindada por los propios Estados Unidos) se encontraron trazas de droga en el vehículo de Puracal así como abundante documentación que, según las autoridades judiciales nicaragüenses, fundamenta los cargos contra él y el resto de miembros de la red en la que participaba.
El estadounidense ha apelado la sentencia y esta semana comienzan las audiencias en Managua.
La historia de Puracal, un ex voluntario del Cuerpo de Paz de Estados Unidos que luego de cumplido su servicio en Nicaragua decidió quedarse en el país donde contrajo matrimonio y adquirió una franquicia de bienes raíces, ha dado lugar a una campaña internacional sin precedentes en la que una petición de libertad a su favor organizada en la Internet ha llegado a recabar más de 90 mil firmas.
Esto es comprensible, dada la facilidad con que es posible convertirla en un paralelo a la de la famosa película de Alan Parker con guión de Oliver Stone, Expreso de Medianoche (1978), en la que un estadounidense es sentenciado a 30 años de prisión por tráfico de drogas en Turquía. Con el paso de las décadas el filme, basado en una historia real, se ha convertido en un clásico de la islamofobia y del cliché que retrata a todos los países de la denominada “periferia” no-occidental como lugares sin ley en los que las almas blancas están expuestas a toda clase de tormentos, incluso abusos sexuales, de parte de unos nativos corruptos, desalmados e impredecibles. Luego de años de soportar condiciones inhumanas y de abandonada toda esperanza de apoyo de parte del gobierno estadounidense, Billy Hayes, el protagonista de la película, decide huir de la prisión por sus propios medios.
El caso de Puracal ha sido apoyado por grupos estadounidenses como el Innocence Project (Proyecto Inocencia) y ha recibido apoyo de personas influyentes como “el ex director de la DEA estadounidense Tom Cash, que ayudó a enjuiciar al capo colombiano Pablo Escobar, y el ex ministro de justicia y fiscal de la nación de Canadá, Irwin Cotler, que escribió una carta inflamatoria al presidente Daniel Ortega diciendo que lo de Puracal era una ‘detención arbitraria’ y ‘un serio abuso de justicia'”, según la publicación Nicaragua Dispatch. Hasta una orden del prestigioso Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la ONU recomienda a Nicaragua la “inmediata liberación” de Jason Puracal.
Según la versión de los defensores de Puracal, a éste no solamente se le habría violado su integridad al registrar las autoridades nicaragüenses su vivienda y su lugar de trabajo sin una orden judicial, sino que además se le habría negado el debido derecho a la defensa; se le habría juzgado más allá del período legalmente establecido; se le habría obligado a vivir junto con otros siete prisioneros en la misma celda, y hasta se le habría forzado a quemarse con un calentador de agua (¿?) que usaba en la prisión.
Todas estas acusaciones han sido negadas tajantemente por el presidente del Tribunal de Apelaciones de la Circunscripción Sur (Granada y Rivas), doctor Norman Miranda Castillo, que a su vez acusó a la embajada estadounidense en Managua de intromisión en el curso de la justicia en Nicaragua.

La “Responsabilidad de Proteger” a los narcos

El pasado 24 de mayo, el secretario del Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la ONU, Miguel de la Lama, envía una carta respondiendo a un caso remitido por Jared Genser, a nombre de la organización “sin fines de lucro” Perseus Strategies, LLC. En la carta, de la Lama le comunica a Genser que el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias en su sexagésimo tercera sesión emitió el “texto de opinión”, numero 10/2012 sobre Puracal.
El Grupo de Trabajo Sobre las Detenciones Arbitrarias fue establecido por la resolución 1991/42 de la antigua Comisión de Derechos Humanos de la ONU, entre otras cosas para investigar casos de privación de libertad arbitrarios o inconsistentes con la Declaración Universal de los Derechos humanos, tarea que según las Naciones Unidas debe ser llevada a cabo “con discresión, objetividad e independencia”.
El “texto de opinión” enviado por el grupo de la ONU al Gobierno de Nicaragua, aclara que el organismo de derechos humanos no puede pronunciarse acerca de los cargos presentados contra Puracal ni tampoco acerca de la evidencia presentada contra él por el Estado de Nicaragua. Sin embargo, y en vista de que el Gobierno nicaragüense no respondió a las acusaciones formuladas por el grupo en el plazo estipulado de dos meses, éste recomendaba a Nicaragua la liberación inmediata de Puracal, y la realización de un nuevo juicio en caso de que se crea necesario, sin perjuicio de indemnizarlo por los supuestos daños causados a su persona. Evidentemente, una carta de ese organismo de la ONU, inmediatamente se convierte en una poderosa arma mediática.
Los miembros del Comité son Malick El Hadji Sow, de Senegal; Shaheen Sardar Ali, de Pakistan; Roberto Garretón, de Chile; Mads Andenas, de Noruega y Vladimir Tochilovsky, de Ucrania. Es fácil descubrir la fuerte influencia de la Unión Europea y de la OTAN sobre este grupo en apariencia plural.
El presidente del grupo, el senegalés Malick Sow, es actualmente juez de la Corte Suprema de su país, considerado una “democracia fuerte y estable” por la Unión Europea, aunque con un alto nivel de pobreza ocupando el puesto 155 de 169 países en cuanto al Índice de Desarrollo Humano de la ONU, siendo fuertemente dependiente de la ayuda europea, que supera el 10% del presupuesto nacional. Por su parte, la vice presidenta paquistaní es en realidad profesora de derecho en la Universidad de Warwick, en Inglaterra y de la Universidad de Oslo, en Noruega. Difícilmente se podrán esperar actuaciones fuera de la línea oficial de un representante chileno, por cierto, reconocido defensor de los derechos humanos en la época de Pinochet, pero representando a un estado que practica las detenciones arbitrarias de indígenas mapuches sin importar la edad, como si fuese un deporte, y de un abogado litigante ucraniano que participó en las primeras fases de organización del Tribunal Penal Internacional, ampliamente criticado por su parcialidad contra todo tipo de personeros señalados por Washington como enemigos de los Estados Unidos, así como por su reluctancia a investigar los crímenes de los aliados de la Casa Blanca.
Por su parte, el noruego Andenas es, como la paquistaní Shaheen Ali, profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Oslo, pero además fue miembro de la directiva de una organización muy selecta, la Asociación de Institutos de los Derechos Humanos (AHRI, por sus siglas en inglés) de la Unión Europea. Este grupo, financiado por la Cooperación Europea en Ciencia y Tecnología (COST), agrupa a unas 41 universidades de Europa que llevan a cabo investigación en el campo de los derechos humanos. En diciembre de 2010, AHRI realizaba, con financiamiento de COST, el seminario “La Corte Penal Internacional y la Responsabilidad de Proteger – Sinergias y Tensiones“. Uno de los temas del seminario llevaba el sugestivo nombre de “El camino a recorrer”, una discusión sobre las maneras en que la “comunidad internacional podría coordinar sus acciones futuras” para la implementación de la doctrina conocida como R2P.
La Responsabilidad de Proteger, o R2P, es una idea que los países de la OTAN vienen impulsando desde hace varios años en el seno de las Naciones Unidas. La base del planteamiento de la R2P es que cuando un Estado no proteja a su población, ya sea por falta de capacidad o de voluntad, es responsabilidad de la “comunidad internacional en su conjunto” intervenir, aún cuando ésto entre en contradicción con uno de los principios fundamentales de las Naciones Unidas: El de la no-injerencia en los asuntos internos de otros Estados. En la Cumbre Mundial de la ONU de septiembre de 2005, una mayoría de los estados miembros, bajo las presiones de los países de la OTAN aceptaron la idea del R2P en principio, pero recomendaron una más amplia discusión del tema. Poco más de un lustro más tarde, esa doctrina se llevaría a la práctica con lo que resultó ser la agresión contra el pueblo libio por las fuerzas de la OTAN.
En unos pocos días en marzo de 2011, Soliman Bouchuiguir, de la Liga Libia de los Derechos Humanos, (LLDH) reunió en un pronunciamiento a más de 70 ONGs del ramo para la 15 sesión especial del Consejo de Derechos Humanos de la ONU que tuvo lugar el 25 de febrero de 2011. En la reunión se decidió expulsar por primera vez a un estado miembro, Libia, por supuestos bombardeos contra la población civil. Unas semanas más tarde comenzaría la masacre de la OTAN contra el país norafricano.
“Para serle franco, no fue un trabajo tan difícil porque todas esas ONGs se conocen entre ellas (…) y al final, la reunión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU hizo que todos se juntasen en Ginebra, y fue así que lanzamos el pronunciamiento que fue firmado por todos los miembros”, dijo Bouchuiguir a periodistas que lo entrevistaron para el documental “The Humanitarian War“, dirigido por Julien Teil.
Las cifras con las que Bouchuiguir convenció al resto de los miembros del Consejo eran estremecedoras: El 17 de marzo de 2011, reportaba 6 mil muertos, 12 mil heridos, 500 desaparecidos, 700 violaciones y 75 mil refugiados. Apenas dos semanas más tarde, Bouchuiguir hablaba de 18 mil muertos, 46 mil heridos, 28 mil desaparecidos, 1600 violaciones… Con esas cifras se justificó luego la “zona de exclusión aérea” y los bombardeos de la OTAN que resultaron en una verdadera masacre. Todas esas cifras eran inventadas.
Hay que recordar que el 2 de marzo, el jefe del Estado Mayor Conjunto de los EE.UU., Mike Mullen, testificaba ante el Congreso: “no hemos podido confirmar que aviones libios hayan abierto fuego contra su propia población”. Por esos mismos días, el Estado Mayor Conjunto de Rusia informaba que había estado monitoreando el territorio libio por satélite desde el inicio de la crisis, a mediados de febrero, y no había logrado detectar ningún tipo de bombardeo.
“No hay manera”, respondió Bouchuiguir a la pregunta de los periodistas acerca de cómo comprobar si las cifras que había dado a la ONU eran verdaderas. “El gobierno libio nunca, nunca, da información sobre los derechos humanos (…) de modo que hay que hacer un estimado”, explicó.
“…Esta información (sobre el número de víctimas civiles en Libia) no la recibí de cualquiera. La recibí del primer ministro libio – el del otro lado”, agregó Bouchuiguir refiriéndose al Consejo Nacional de Transición (CNT) montado por los denominados “rebeldes” apoyados por la OTAN.
“Fue el señor Mahmoud (de la tribu Warfallah). Fue él quien declaró esas cifras. Las usé, pero con cierta precaución”, agrega. Bouchuiguir se refería a Mahmoud Jibril, el “primer ministro” de los “rebeldes libios” designado por la OTAN y la CIA.
Ali Zeidan, a inicios de marzo presentado como vocero de la LLDH, había sido también vocero del CNT. Más adelante, y presionado por los periodistas, Bouchuiguir reconoce que varios miembros del Consejo Nacional de Transición eran también miembros de su organización de “derechos humanos”: “Usted sabe, esta gente en el gobierno (del CNT), ¡estamos todos en el mismo grupo! Ellos son miembros de la Liga Libia de los Derechos Humanos, el ministro de información, por ejemplo, el ministro de educación, el ministro del petróleo y el ministro de finanzas, ¡ellos son miembros de nuestra liga! … No tienen cargos de responsabilidad, pero son miembros de nuestra liga”, explica.
La verdadera escala de la masacre cometida contra el pueblo libio se conocerá algún día. Por el momento, algunos datos muy maquillados de la propia OTAN, como el uso de 7.700 misiles y bombas en unos 10.000 vuelos ayudan a hacerse una idea, aunque probablemente muy pálida, del horror. Lo cierto es que mientras que los encargados de contar los muertos sobre el terreno muestren la falta de ética de individuos como Soliman Bouchuiguir y los funcionarios de las restantes 70 ONGs de “derechos humanos” que sin siquiera pensar votaron para que otros ejercieran su “responsabilidad de bombardear” al pueblo libio, la verdad no será conocida, sencillamente porque hay un interés de que no se conozca.
Todo esto nos lleva a la pregunta: Si estos burócratas del humanismo no tienen el menor empacho en inventar genocidios para luego hacerlos realidad en función de los intereses de las potencias occidentales, ¿por qué se van a detener ante la posibilidad de exigir la libertad de un narcotraficante como en el caso de Jason Puracal?
Sobre la mesa del Grupo de Trabajo Sobre las Detenciones Arbitrarias de la ONU hay muchos expedientes de peso, como la ley aprobada por el presidente estadounidense Barak Obama a finales de 2011 que permite detenciones indefinidas sin cargos y encarcelamientos sin juicios, para no hablar de los casos ampliamente conocidos de Abu Grahib, de Guantánamo, o de la red de cárceles secretas de la CIA en todo el mundo, el caso de los 7.000 menores de edad palestinos que Israel tiene tras las rejas desde el año 2000, o el caso de los más de 200 centros de detención de inmigrantes en los que la Unión Europea hoy en día recluye a decenas de miles de personas que no han cometido delito alguno, etcétera.
¿Qué chances hay de que el Grupo de Trabajo de la ONU se ocupe seriamente sobre esos temas? Ninguna, porque sus miembros son totalmente dependientes de los países que cometen esas violaciones a los derechos humanos. En el caso de Israel, éste es el más estrecho aliado de los Estados Unidos y el mayor receptor de su ayuda militar; además, es un miembro de facto de la Unión Europea en virtud de los generosos tratados de libre comercio que unen a ambos países.

Estrellas en ascenso

Nada sucede espontáneamente en el corrupto universo de las instituciones de los “derechos humanos” controladas por la OTAN. Por ejemplo, ¿quién es la persona que envió al Grupo de Trabajo de la ONU la solicitud de investigar el caso de Puracal?
Jared Genser, nombrado por la revista National Law Journal como una de las “40 estrellas emergentes de menos de 40 años en Washington”, es el gerente de Perseus Strategies, LLC y fundador de Freedom Now, una organización “independiente”, “sin fines de lucro”, dedicada a defender supuestos prisioneros de conciencia en todo el mundo. Gesner trabajó para firma de abogados DLA Piper LLP y para la famosa consultora McKinsey & Company, entre cuyos clientes a nivel global se encuentran varias empresas multinacionales y gobiernos en todas las esferas, incluso la militar. Un detalle en la brillante carrea de esta estrella: En 2006-2007 fue profesor invitado en el National Endowment for Democracy (NED), uno de cuyos fundadores, Allen Weinstein, allá por 1991 decía que “mucho de lo que hacemos hoy en día lo hacía la CIA de manera clandestina hace 25 años”. Otro detalle brillante: Entre sus clientes de oficio se han encontrado el ex presidente checo Václav Havel, la burmesa Aung San Suu Kyi, el nobel chino Liu Xiaobo, el obispo sudafricano Desmond Tutu, y el nobel judío-húngaro Elie Wiesel. Graduado de prestigiosas universidades como Cornell, Harvard y Michigan, en su currículo no podía faltar un año como becario Raoul Wallenberg en la Universidad Hebrea de Jerusalén.
Genser es autor de un “Comentario y Guía Práctica” sobre el Grupo de la ONU sobre las Detenciones Arbitrarias (a publicarse en 2013) y co-editor de otro sobre la doctrina del R2P: “The Responsibility to Protect: The Promise of Stopping Mass Atrocities in Our Times” (Oxford University Press, 2012). ¿Quién fue el editor de ese libro? Pues nada más ni nada menos que el ex ministro de justicia canadiense que envió al presidente Daniel Ortega una inflamada carta exigiendo la liberación inmediata del narcotraficante Jason Puracal: Irwin Cotler. Con semejantes antecedentes, no es de extrañar que el Gobierno de Nicaragua no le haya hecho caso a esta campaña y que tampoco haya contestado a la carta del Grupo de la ONU sobre Detenciones Arbitrarias. Cuando un grupo de amigos muy influyentes con estrechos contactos con las esferas del imperio más poderoso sobre la tierra inician una campaña de cartas y declaraciones en los medios, eso no constituye un movimiento social, sino una conspiración.
El socio de Genser en Perseus Strategies, LLC, un tal Chris Fletcher, tiene más de agente de la CIA que de abogado idealista: Experto en derechos humanos y responsabilidad social corporativa con experiencia en la oficina de la ONU, asistió en los juicios contra los Khmeres Rojos en Cambodia y en la ONG Oxfam America, entre otros. Además, Fletcher ha participado en actividades del Foro Tibet, Gobernanza y Práctica de la Universidad de Virginia, un conocido centro de reclutamiento de la CIA en el que trabajan profesores que han estado activos en la agencia de inteligencia durante muchos años tales como el Frederick P. Hitz, de la facultad de derecho. Otras tareas en las que Fletcher ha hecho “trabajos temporales”: El Departamento de Estado y el Banco Mundial.
Perseus Strategies, LLC es una empresa dedicada a ofrecer servicios de asesoría legal a grandes ONGs, empresas multinacionales y gobiernos en el terreno de los derechos humanos, la responsabilidad social empresarial y la implementación de la R2P. Sus actividades a menudo incluyen la promoción de los intereses de Estados Unidos en diversos países, así como la elaboración de diversos documentos para justificar la aplicación de la R2P contra países-blanco de las agresiones imperialistas, como el caso de Corea del Norte.
Paralelamente, o en realidad como una división especial de la organización, Genser y Fletcher operan con un “movimiento social” sui generis, Freedom Now que trabaja para liberar a “presos de conciencia” en el mundo dándoles asistencia legal “pro bono”, es decir, sin cobrar. Claro, entre la lista de defendidos por Freedom Now no aparecen casos como el del ciudadano cubano-estadounidense Rene Gonzáles y sus cuatro compañeros cubanos injustamente encarcelados en prisiones de máxima seguridad por recabar información para prevenir actos terroristas contra Cuba desde Miami. Por cierto, este 13 de agosto, a tres días de dar inicio la apelación de Puracal en Nicaragua, René González cumplía 56 años en algún lugar de los EE.UU. sin poder estar con la mayor parte de su familia que vive en Cuba. No, los casos que interesan al grupo de Genser y Fletcher no son esos, sino aquellos que van en la línea de Washington: disidentes chinos, “activistas” iraníes, periodistas en oscuras regiones del tercer mundo, narcotraficantes estadounidenses en países como Nicaragua u otros, por lo general en la mira de las campañas difamatorias ordenadas desde la Casa Blanca.
Genser es sólo un miembro más de la directiva. El presidente de Freedom Now es el abogado Jeremy Zucker, ex actuario judicial el Tribunal Penal Internacional y miembro del influyente Consejo de Relaciones Exteriores, donde la élite de poder estadounidense, tanto demócrata como republicana, decide la política exterior de los Estados Unidos. La cubano-estadounidense radicada en Noruega, Teresita Alvarez-Bjelland, es una consultora especialista en organizaciones “sin fines de lucro” y además directiva de la Asociación Noruego-Estadounidense, posición privilegiada para ejercer presión sobre el Grupo de Trabajo de la ONU, con fuerte influencia noruega. El abogado Peter Magyar, encargado de expandir la actividad de Freedom Now en Europa, es un influyente jurista en los campos de las privatizaciones y los mercados internacionales de capitales.
Freedom Now no defiende a cualquiera. Trabajan “estratégicamente”, tratando de impulsar cambios políticos en los países donde tienen defendidos, para lo cual no se limitan a los juzgados y tribunales, sino que desarrollan campañas de propaganda junto con todo tipo de actores. Dicen que sólo defienden a prisioneros de conciencia, aunque en el caso de Jason Puracal, convicto por narcotráfico, es difícil, por no decir imposible, usar ese argumento. En resumen, su actividad no es más de una forma de injerencia política de los Estados Unidos sobre otros países disfrazada de lucha por los derechos humanos.

¿Inocencia? ¿Qué inocencia?

Una de las organizaciones más influyentes que han llevado adelante la campaña a favor de Puracal es el grupo denominado Innocence Project (Proyecto Inocencia), cuya misión es velar por los derechos de los ciudadanos estadounidenses injustamente encarcelados dentro y fuera de los Estados Unidos. Además de apoyo mediático, la organización ha dado a Puracal apoyo jurídico a través de sus redes de abogados en los Estados Unidos.
En la página del magnate estadounidenses de las finanzas George Soros se puede leer que esa organización en 2011 recibió una donación de 400 mil dólares por dos años para gastos generales de parte del grupo de fundaciones “Open Society Foundations” pertenecientes al Open Society Institute de Soros.
Según investigadores como la estadounidense Eva Golinger, el Open Society Institute ha participado en la desestabilización de los gobiernos que han resistido la ofensiva post-Unión Soviética. Esta organización fue muy activa en Yugoslavia, Ucrania y Georgia, y trabajó estrechamente con Freedom House y el Albert Einstein Institution (AEI) en el derrocamiento de los gobiernos en estos países, financiando medios de comunicación y grupos de oposición. Igualmente, el área de interés de la Open Society Institute es Europa del Este y el Cáucaso, pero también está muy activa en África y América Latina.
El nuevo director del “imperio filantrópico” de Soros, Christopher Stone, “…tiene una pasión por cambiar las cosas y una gran visión y manera de entender cómo construir instituciones y reimaginarlas para que perduren”, dijo al New York Times a fines del año pasado Barry C. Scheck, co-director del Proyecto Inocencia, famoso por haber sido el abogado defensor de O. J. Simpson en un sonado caso en 1995. ¿Inocencia de qué? La organización de Scheck no es más que una más de las decenas de ONGs y otros grupos que Soros ha cooptado en todo el mundo para que sigan la agenda del imperio con sumas millonarias, sólo el año pasado, unos 860 millones de dólares.
Experto en quebrar bancos centrales en todo el mundo con sus ataques especulativos contra las divisas, Soros critica los excesos del sistema financiero y aboga por regularlos pero, como él dice, “no una regulación excesiva. Los reguladores son seres humanos que pueden equivocarse y además son burócratas que toman decisiones de manera lenta y subordinada a influencias políticas”.
El discurso de Soros respecto a sociedades abiertas, los mercados libres y sus críticas a Bush le han hecho popular entre los demócratas, pero no es progresista. En lo que toca a la estrategia del imperio, Soros es parte de la élite de poder y miembro del Consejo de Relaciones Exteriores, de Bilderberg, del International Crisis Group y de Human Rights Watch, organismos que llevan el timón de la geopolítica estadounidense o proveen de los argumentos de “derechos humanos” que hacen posible sus intervenciones.

Los trapos blancos de la DEA

La “recomendación” del Grupo de Trabajo de la ONU sobre las Detenciones Arbitrarias resultó ser una obra de ingeniería política de las altas esferas del gobierno estadounidense y del complejo corrupto de los derechos humanos mezquinamente politizados. El ex ministro de justicia canadiense que criticó al comandante Daniel Ortega, resultó ser un viejo amigo de uno de los operadores de ese complejo. La organización de derechos humanos Inocencia Internacional resultó ser receptora de los fondos nada inocentes del magnate Soros. ¿Qué pasa entonces con el apoyo a Puracal del ex jefe de la DEA Tom Cash, uno de los hombres que ayudó a enjuiciar al mismísimo Pablo Escobar?
Al dejar la DEA, Thomas V. Cash se fue a trabajar en la empresa Kroll, donde pasó a ser jefe de la oficina de Miami. Entre los servicios de esa empresa se encuentra la asesoría a los gobiernos de distintos paraísos fiscales sobre como mejorar su imagen y lograr que los quiten de las listas antilavado de la OECD, un trabajo que es realizado por muchos ex oficiales de inteligencia cuando dejan el servicio público y pasan al sector privado. En el caso de Cash, la misión asignada por Kroll fue la de ayudar a hacerle un lavado de imagen al paraíso fiscal de Antigua, es decir, a hacer un trabajo de cosmética financiera para que los Pablos Escobares de hoy en día puedan seguir lavando los ingresos del narco.
Lo que hizo que Cash cayese en desgracia, sin embargo, fue otra cosa. En el pasado mes de junio, el conocido estafador R. Allen Stanford fue condenado a 110 años de cárcel al investigarse un esquema Ponzi por el que en un período de 20 años robó 7 mil millones de dólares a 30 mil ahorristas a los que prometía tasas de interés fabulosas por sus depósitos en el Stanford International Bank en la isla de Antigua. El caso había reventado tres años atrás, en 2009, cuando las autoridades federales allanaron las oficinas del Sanford Group para investigar el fraude. A fines de julio de ese año, Cash dejaba su puesto en Kroll. ¿La razón? Como consultor, Cash, trabajando para Kroll, le dio a los inversionistas la luz verde para que invirtiesen en Stanford, pero nunca se preocupó de informarles que su empresa una vez había sido “contratada y pagada” como consultora de Stanford, según denunció una fundación de electricistas que perdió más de 6 millones de dólares en el esquema Ponzi. Cash jamás le informó a los electricistas que Stanford había sido penalizada por la Autoridad Reguladora de la Industria Financiera, así como tampoco les informó que un ex-empleado de Stanford había demandado a la empresa con la acusación de que era una estafa.
Entre las credenciales de Cash figuraba, según el New York Post, la de haber sido presidente del Comité de Prevención del Fraude de la Asociación Internacional de Banqueros de la Florida. Dice el diario que las conexiones de Cash entre los círculos policiales de ese estado eran tan grandes que un juez asignado a la demanda de los electricistas contra Kroll tuvo que renunciar al caso porque había sido amigo personal de él durante muchos años.

Injerencia descarada

El 16 de agosto comenzará la audiencia de apelación en el caso de Jason Puracal. La justicia nicaragüense decidirá si hay o no elementos para declarar nulo el juicio en el que se le condenó a 22 años de prisión según los procedimientos establecidos en la Constitución y el Código Penal del país. Sin embargo, la manera descarada como grupos que no tienen nada que ver con los derechos humanos y sí con las redes de injerencia política de los Estados Unidos se dedica a usar el caso para hacer propaganda antinicaragüense no favorece en nada a la defensa del reo Puracal.
El caso de la campaña a favor del convicto narcotraficante Jason Puracal ilustra a la perfección el nivel de corrupción y de manipulación de los derechos humanos por parte de los Estados Unidos y sus aliados en el mundo.

WikiLeaks al descubierto trabajando para la OTAN

Por Jorge Capelán. RLP/TcS.
Ayer jueves, un hecho cambió dramáticamente el curso de los acontecimientos en lo relacionado con la solicitud de asilo político en el Ecuador del australiano Julian Assange, fundador del grupo WikiLeaks.
Se trata de la revelación, por parte del grupo, de más de 2 millones de correos electrónicos tomados de diferentes instituciones del gobierno sirio. Siria actualmente está sometida a una guerra criminal por parte de la OTAN, de Israel y del Consejo de Cooperación del Golfo con el nada original pretexto de combatir un “régimen dictatorial”.
Con el fin de avanzar sus posiciones en el Oriente Medio, las fuerzas del imperio llevan adelante una guerra que recuerda a la guerra de la administración Reagan contra Nicaragua en los 80s del siglo pasado y a la intervención de la OTAN en Libia el año pasado. Se trata de una guerra que además se convierte en una amenaza directa contra Irán, Rusia y China en lo que muy bien puede llevar al mundo al despeñadero de un conflicto termonuclear.
Parte de esta guerra es la demonización del gobierno sirio por los órganos corporativos de la dictadura mediática global así como por el corrupto complejo de ONGs de los derechos humanos que cotidianamente inundan el flujo de noticias con reportes tendenciosos y falsos sobre ese país. Se trata de una guerra que claramente tiene un componente de guerra sicológica y de información.
En este contexto, la revelación de esos cables por parte de WikiLeaks se convierte en una abierta intervención en esta guerra favoreciendo al bando de la OTAN con el pretexto de ofrecer información que permita una comprensión mas profunda de los hechos.
Para la liberación de esos cables, WikiLeaks ha solicitado la cooperación de un grupo de medios del Medio Oriente, Europa y los EE.UU. que comprende los periódicos y agencias noticiosas Al Akhbar (Líbano), Al Masry Al Youm (Egipto), ARD (Alemania), Associated Press (EE.UU.), L’Espresso (Italia), Owni (Francia) y Publico.es (España). La mayoría de esos medios están plegados a la guerra mediática comandada por la OTAN. Sólo el diario libanés Al Akhbar es considerado independiente y cercano a Hizbollah (aliado de Siria), aunque también es crítico del gobierno sirio.
Es evidente la ausencia en esa lista de medios del país agredido, como lo es también la ausencia de otros medios de fuerzas no alineadas con la OTAN, como TeleSUR, la cadena iraní Press TV o la cadena rusa RT, entre otros.
Seguramente, el contenido de esos correos electrónicos resultará a la larga más revelador sobre las verdaderas intenciones de la OTAN que sobre los supuestos crímenes del gobierno sirio.
Pero la situación actual no tiene nada que ver con un debate académico sobre las razones del conflicto en Siria, sino con operaciones de información lanzadas con fines muy precisos. Una ventaja de semanas y de días en el acceso a la información para una de las partes se convierte en decisiva a la hora de crear percepciones afines a los objetivos de la guerra.
En este contexto, WikiLeaks provee a una parte de esta guerra informativa, a la OTAN, con el equivalente a misiles nucleares mientras que a la otra, al gobierno sirio, sólo le deja una dudosa hulera en la forma del diario libanés Al Akhbar. Se trata de una flagrante intervención a favor de una de las partes, que es precisamente la más poderosa y la que tiene una probada agenda de dominación global. Se trata de una evidente intervención de lado del imperio por parte de WikiLeaks.
Anteriormente argumentábamos a favor de la decisión de concederle asilo en Ecuador al australiano Julian Assange. Lo hacíamos partiendo de la necesidad imperiosa de defender el derecho de asilo en un mundo en el que todas las instituciones para las relaciones civilizadas entre los países están siendo desmontadas por las potencias occidentales e Israel. Ahora, con la decisión de WikiLeaks de liberar los correos electrónicos de Siria, que lleva la firma del propio Assange, las cosas ya no están tan claras.
El gobierno ecuatoriano se está tomando todo su tiempo para preparar un concienzudo informe de decenas o centenares de páginas que fundamente su decisión de darle o no asilo a Julian Assange.
Con su decisión de ejecutar este acto de guerra informativa contra Siria, el propio Assange contribuye a poner en duda la seriedad de su solicitud de asilo político. La liberación de más de dos millones de correos electrónicos no es una acción que se realiza de la noche a la mañana, toma semanas y meses de preparación, para no hablar del tiempo necesario para establecer contactos con medios internacionales. Evidentemente, Assange sabía lo que se traía debajo de la manga antes de solicitar asilo ante la embajada ecuatoriana en Londres.

Indignante hipocresía

Por Jorge Capelán. RLP, TcS.
“Es más fácil comerciar con armas en el mundo de lo que es comerciar con bananos”, dice un anuncio de Amnistía Internacional (AI) de los que siguen llegando a mi cuenta de correo electrónico desde el día en el que decidí votar por el Coronel Gadaffi para Héroe de los Derechos Humanos en el sitio web de esa organización.

Por cierto, en esa votación estábamos ganando por amplio margen hasta el último día, pero por alguna razón que desconozco, AI nunca anunció al ganador final del evento.

Según AI, “es ridícula la facilidad que tienen los dictadores y grupos armados para comprar armas y usarlas contra civiles”. Por eso organiza una actividad en Times Square de Nueva York, el lugar donde se manifiestan los yanquis indignados con el sistema capitalista. A esas pobres víctimas del fraude de los banqueros y los señores de la guerra, AI les piensa vender bananos (a 15 USD la caja), propaganda sobre los derechos humanos (50 USD c/u) y un espacio en su cartelera para anunciar (100 USD). ¿Armas para dictadores y grupos armados?

Según cálculos conservadores y probablemente desactualizados, la punta del iceberg de muertos en Irak son los soldados estadounidenses que han perdido la vida allí, unos 4 mil. Les siguen unos 11 mil de sus colegas que se han suicidado, también a causa de Irak. Luego vienen 29 mil militares estadounidenses heridos. Pero eso no es nada.

No es nada comparado a un estimado de 1.1 millones de civiles iraquíes muertos en esa guerra, y a otro de 4.5 millones de refugiados, ninguno de los cuales es estadounidense. Es una carnicería y una inmensa tragedia humana contra un pueblo que supuestamente iba a ser salvado de un dictador sanguinario. 

Nadie sabe realmente cuánto han gastado los Estados Unidos en matar iraquíes. Mencionar la cifra de cuatro trillones de dólares es quedarse muy corto. Probablemente, las cifras correctas de muertos y de dinero invertido en la muerte en ese país serían demasiado aterradoras.

El punto que quiero hacer, es el de que esa guerra, como todas las grandes guerras que han habido en los últimos 20 años, no tiene nada que ver, ni con dictadores locos que matan a su población ni con grupos armados que trabajan por su cuenta. La guerra de Irak, como la de Afganistán, la de Yugoslavia, la de Libia y las que ahora se están impulsando en Siria y en el Líbano, son guerras de los gobiernos de la OTAN.

Las carnicerías de verdad siempre han empezado después que a la OTAN se le ocurrió empezar a salvar gente. Si hubiesen dejado matar tranquilamente a todos los “dictadores locos” y a los “grupos armados” que hay en el mundo, seguramente habría muerto una pequeña fracción de todos los que han muerto a raíz de las guerras de la OTAN.

Nunca nadie pudo comprobar que Gadaffi hubiese bombardeado a sus propios civiles. Eso es lo que en su momento admitieron, tanto el alto mando de los EE.UU. como el de Rusia, que estuvo vigilando a Libia todo el tiempo desde el espacio. Sin embargo, los aviones de la OTAN, sólo en las primeras 12 horas del asalto final contra Trípoli, mataron a más de 5 mil libios. Antes de la guerra, Libia tenía la esperanza de vida más alta de todo el Oriente Medio. Hoy uno de cada cuatro habitantes, un millón y medio de libios, están en el exilio. Todo está en ruinas.

No vayamos demasiado lejos. En México, las víctimas de la famosa “guerra contra las drogas” de Calderón suman ya 50 ó 60 mil. La matancina comenzó luego de que el presidente mexicano le declarase la guerra a los cárteles del narco. Paralelamente, los Estados Unidos le han estado vendiendo armas, tanto al gobierno mexicano como a los cárteles de la droga por miles y miles de millones de dólares.

Algún desinformado dirá ningún país occidental estuvo involucrado en el genocidio de Ruanda donde murió más o menos un millón de civiles. Falso. Sin la división étnica promovida por Bélgica, la antigua potencia colonial, y sin la ayuda de Francia a los cabecillas de la matanza, no habría habido genocidio alguno.

Según AI, el problema es que es demasiado fácil para los “dictadores” y los “grupos armados” conseguir armas. El verdadero problema es que parece demasiado fácil para ciertos países producirlas y para ciertos gobiernos usarlas – por lo general, los mismos en cuyos países se producen. Lo cierto es que no hay matancina en el mundo en la que no esté presente la mano negra de la OTAN y sus aliados.

De los 25 principales países exportadores de armas per cápita, 22 son miembros o aliados de la OTAN. De la OTAN son los países en los que AI es más activa con sus campañas de reclutamiento y donde recoge la mayor cantidad de su financiamiento.

Dicen que quieren resolver el problema de las armas proponiendo un tratado de comercio que prohíba vender armas a países donde exista un “riesgo sustancial” (¿?) de que serán usadas en violaciones a los derechos humanos o genocidio, se vaya a hacer uso de niños combatientes o se vaya a cometer violencia sexual.

Ya hay países que tienen prohibiciones tanto o más severas que esas contra la exportación de armamento y no sirven para nada. Por ejemplo, Suecia prohíbe toda exportación de armas a países que estén en guerra. Esa prohibición no le impide a Suecia ser el exportador de armas per cápita más grande del mundo.

No hace mucho se supo que desde hace varios años existe un tratado secreto entre el reino de Suecia y Arabia Saudita para construir fábricas de armas en esa dictadura, probablemente la más reaccionaria y represiva del mundo. El acuerdo salió a la luz y no pasó nada, el gobierno de Suecia no lo anuló y ningún funcionario de ese país fue sancionado.

El tratado de comercio que promueve AI es la hipocresía más grande del mundo porque, como ya vimos, las masacres ocurren siempre cuando las potencias de la OTAN se deciden a hacer algo contra supuestas  violaciones de los derechos humanos, por lo general apoyándose en los informes de la propia AI para justificar sus masacres.

Es irónico el que AI se decida a presentar esta cínica idea de un TLC de armamentos justamente en un lugar en el que se reúnen los indignados del mundo rico para protestar contra un sistema para el que los bancos valen mucho más que las escuelas y las bombas son objeto de mucha más consideración que las personas.

Si se quiere hacer algo contra las armas, lo que hay que hacer es cerrar la OTAN, y de paso también cerrar a AI que provee a la OTAN de excusas para desatar carnicerías a diestra y siniestra. Ojalá que a alguno de los indignados yanquis le de por dirigir su indignación en la dirección correcta y le caiga a patadas al stand de AI cuando se presente en Times Square a querer venderles sus chucherías.

Tortilla con Sal / Radio La Primerísima.